Opiniones

Casos y cosas del mundo

Víctor M. Peralta

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Caso Odebrecht: la esperanza de que surja un antes y un después a la impunidad de los casos comprobados de corrupción en la administración pública.

Lo interesante del sonado escándalo a que ha sido sometido el pueblo dominicano, producto del maridaje descarado de gente de poder con la multinacional brasileña Norberto Odebrecht, y que ha derivado en la prisión preventiva de la mayoría de los delatados, es que hay un mensaje explicito que habrá de fundar un precedente de un antes y un después, y como regla general, poniendo ojo visor para que nadie vaya a una  institución del estado, cualquiera que sea su naturaleza, a robarse los dineros que se le pone en sus manos para que bien los administre.

El escarmiento con años de cárcel para los implicados de haber recibido sobornos para agenciarles obras a la tramposa compañía brasileña, tendría que sintonizar con el posible embargo de todos los bienes producto de tan maléfica y venenosa componenda, que constituye una vergüenza de marca mayor para la gran mayoría del pueblo dominicano. Sería un alentador ejemplo para que nadie nunca más, se atreva a volver, ni en sueño, a cometer actos de esa naturaleza. Es la materia del caso Odebrecht que más beneficio le podríamos sacar en los años por venir.

Y para ser objetivo con nuestro modo de ver y analizar lo sucedido hasta la fecha, y sin pescar de ningún servilismo a priori, reconocer, como en efecto reconocemos, que el mérito de todo lo sucedido, y lo que resulta del castigo a los implicados, se lo debemos, primero, al Presidente Danilo Medina, porque nunca antes habíamos visto tras las rejas a tantos “pejes gordos”, entre los cuales se cuenta un Ministro, fundador y miembro del poderosísimo Comité Político del PLD, y estratega por excelencia del partido fundado por el profesor Juan Bosch. (Temístocles Montás fue destituido este viernes de sus funciones en el Ministerio de Trabajo, Industria y Mipymes)

También ha sido fuente vinculante al encausamiento de los sometidos a la justicia, la participación de diversas organizaciones populares, una profusa e inagotable cuota de presión social, personalidades sin atadura partidaria, y las llamadas Marchas Verdes, compuesta por cientos de miles de dominicanos, que le ha dado vuelta al país en demanda de que se termine para siempre los casos de corrupción administrativa, y que se lleve a los tribunales a los funcionarios, exfuncionarios, legisladores y empresarios corruptos, que han sido señalados por la Procuraduría General de la República, que a su vez proviene de la lista con los nombres que le suministraran las autoridades de Estados Unidos y por igual de Brasil. Faltaría por ver si ciertamente los que han sido encausados “son todos los que están” o si por el contario “no están todos los que son”.

Pero no todo termina con Odebrecht, máxime cuando es de todo conocido, que la cultura del robo se ha entronizado en las entrañas mismas de la sociedad, de tal manera, que es cosa común decirle ladrón a cualquiera y este quedarse como si le hubiesen regalado un helado de fresa. Tiempo hubo cuando decirle ladrón a una persona se pagaba hasta con la vida. Llegará el momento que la práctica de coger lo ajeno será cosa del pasado; de cuando Odebrecht pasó por nuestro país y lo embardunó todo, de estiércol… pero también de muchos millones de los verdes.

Escritor reside en Santiago Rodríguez

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