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El jefe militar del este de Libia insta al Ejército a sublevarse contra Gadafi

El Jacaguero

El País.com.- La presión internacional y doméstica contra el presidente libio, Muamar el Gadafi, sigue aumentando. A las sanciones unilaterales por parte de EE UU, anunciadas ayer por Barack Obama, y el borrador de resolución de la ONU presentado por Francia y Reino Unido, que contempla el embargo de armas, la congelación de bienes y e incluso una posible investigación del Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya por crímenes de guerra y contra la humanidad, se ha unido hoy el jefe de las Fuerzas Armadas de la zona oriental de Libia, el general de brigada Abdul Nafa Musa. El responsable militar de la zona este del país, controlada por los rebeldes, ha instado al resto de oficiales libios a “marchar hacia Trípoli” y sublevarse contra el régimen de Gadafi. Mientras, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, el principal aliado del dictador en Europa, ha declarado que el mandatario libio no parece ya tener el control del país.

Fotograma tomado de la televisión estatal libia muestra al líder libio Muamar el Gadafi dirigiéndose a sus seguidores en la plaza Verde de Trípoli- AFP.

El tirano aparece en la plaza Verde con su tercer discurso en una semana

Los escasos testimonios de la represión surgen de las redes sociales

Desde Bengasi, la segunda ciudad de Libia, situada en el este y controlada por los opositores al régimen, el máximo responsable militar del oriente ha animado a los oficiales de todo el país a “marchar hacia Trípoli” y sublevarse contra el régimen. Sin embargo, preguntado por la agencia EFE, descartó, “por el momento” que los militares sublevados en la “zona liberada” emprendan “una acción militar hacia la capital”.

“La misión actual de las fuerzas especiales es proteger a la gente de Bengasi y de otras ciudades”, ha dicho Musa en una conferencia de prensa. “Actualmente no tenemos ningún plan de dirigirnos a Trípoli, ahora estamos reclutando nuestras fuerzas y preparándolas”, señaló y añadió que están “esperando la liberación” de la capital por parte de los ciudadanos y las fuerzas que se sublevan contra Gadafi.

El militar dijo que todavía desconocen con precisión el número de unidades de las que disponen en la zona oriental, y que están intentando contabilizarlas. Musa, que subrayó que no hay ninguna intervención extranjera en la revolución, ni de ninguna organización política, ni del radicalismo islámico, mostró su convicción de que todos los oficiales de esta parte del país están ya contra el régimen.

“Futuro lleno de incógnitas”

Por su parte, Berlusconi ha aprovechado un acto político en Roma para decir que “efectivamente, Gadafi no controla ya la situación en Libia”. Hasta ahora, Italia se había limitado a condenar la violenta represión de las protestas por parte del régimen, que se encuentra encastillado en Trípoli mientras los rebeldes avanzan por el este, que controlan en su mayor parte, y el oeste; y a advertir del riesgo de una avalancha migratoria y del auge del fundamentalismo islámico.

“Para nosotros el futuro está lleno de incógnitas graves. Esos pueblos podrían acercarse a la democracia, pero podríamos encontrarnos también con Estados fundamentalistas islámicos no lejos de las costas italianas”, ha añadido el primer ministro italiano, en un discurso retransmitido en directo por televisión. Berlusconi asegura que “Europa y Occidente no pueden quedarse como simples espectadores” ante lo que sucede en el norte de África y mucho menos Italia, tanto por motivos de seguridad como por los intereses económicos de las empresas italianas en la región.

El Gobierno italiano sigue agitando el espantajo de la inmigración ilegal, como ha puesto de manifiesto el ministro de Defensa, Ignazio La Russa, que en declaraciones a los periodistas, ha dicho que da por suspendido el Tratado de Amistad entre Italia y Libia firmado por Berlusconi y Gadafi el 29 de agosto de 2008 en Bengasi.

El acuerdo comprende la cooperación en la lucha contra la inmigración ilegal con una intensificación en los controles en las costas libias, el resarcimiento económico por parte de la antigua metrópoli, Roma, durante 20 años y por valor de 5.000 millones de dólares por el “pasado colonial” de Libia, así como inversiones italianas en infraestructuras libias y becas para jóvenes del país africano que quieran estudiar en Italia.

“Los hombres de la Guardia de Finanzas que estaban en las lanchas para controlar lo que hacían los libios, que tenían el mando (en la vigilancia de las costas contra la inmigración ilegal), ahora están en nuestra embajada”, ha puesto como ejemplo La Russa, que ha advertido del riesgo de un éxodo masivo de libios y ha apelado a la solidaridad europea: “Están bien las sanciones, está bien la condena, pero además hay que hacerse cargo de la emergencia. No se puede imaginar que, con una especie de egoísmo de la Europa del norte, a la Europa del sur, en este caso Italia, se le deje sola para afrontar esta cuestión”.

Una noche de infierno

Las declaraciones se producen después de una noche en la que se han registrado enfrentamientos en Trípoli entre opositores y fuerzas de seguridad del régimen. Una testigo libia ha relatado a EL PAÍS que la noche en la capital ha sido “un infierno”.

Mientras, Saif el Islam, hijo de Muamar el Gadafi, apareció anoche para emitir señales contradictorias sobre el curso de los acontecimientos en Libia. Por un lado, minimizó el impacto real de la rebelión y limitó a dos ciudades, Misrata y Zauiya (oeste del país), los enfrentamientos; por otro, reconoció abiertamente que en esa zona el Ejército regular no logra avanzar y adelantó la inminencia de un alto el fuego, previa negociación con “los terroristas”, informa Reuters.

El día de ayer no fue una jornada cualquiera. Trípoli se unió a la revolución libia que trata de acabar con 41 años de dictadura. A las dos de la tarde, tras el rezo del viernes, miles de personas ocuparon las calles de los barrios de Fashlum, Zauia, Bin al Shur, Al Siahia y Dohmani, y Janzur. La respuesta del régimen fue abrir fuego a discreción. Cinco personas murieron en Janzur, al oeste de la capital, según testigos citados por la agencia Reuters. En los demás barrios, la policía de Gadafi trató de reprimir las protestas con gases lacrimógenos y detenciones. La cadena Al Arabiya informó de otras dos muertes.

“Fuegos artificiales”

En este contexto fue en el que Saif el Islam se reunió con los primeros periodistas extranjeros llegados a Trípoli bajo escolta oficial y les dijo: “En Misrata y en Zauiya tenemos problemas. Estamos tratando con terroristas. Pero con un poco de suerte van a quedarse sin munición y ya no habrá otro baño de sangre. Mañana [por hoy] todo se habrá resuelto. El Ejército ha decidido no atacar a los terroristas, y dar una oportunidad a la negociación. Esperamos poder hacerlo pacíficamente y alcanzarlo mañana [por hoy]”, aseguró el hijo de Gadafi.

Las razones de la generosa oferta no han quedado muy claras. La información suministrada choca, además, con la recopilada hasta ahora, que habla de un importante retroceso del régimen en la zona este. El designado como sucesor de Gadafi no escatimó en entusiasmo al describir las perspectivas del régimen y las buenas relaciones que mantiene este con el pueblo. “Si escuchan fuegos artificiales, no los confundan con disparos”, declaró. A pesar de que en las crónicas escritas por el reportero de Reuters se describe una Trípoli artificialmente vacía e inquietante, Saif el Islam sostuvo que las calles de la ciudad están a rebosar de una multitud jubilosa que lanza fuegos artificiales, corea eslóganes a favor de Gadafi y celebra su largo mandato. “Todo está en calma”, concluyó. Sobre las informaciones de los medios de comunicación internacionales, que hablan abiertamente de guerra civil en el país, volvió a incurrir en la ambigüedad. “Esas informaciones nos hacen reír. Aparte de Misrata y Zauiya, todo está en calma… Hay negociaciones en curso y somos optimistas”, dijo.

Llamada a las armas

En cualquier caso, sus palabras contrastan con la dureza mostrada horas antes por su padre, Muamar el Gadafi, en la plaza Verde de Trípoli, la entrada a la ciudad desde el puerto, donde pronunció ante una multitud su tercer discurso de la semana, el más incendiario hasta ahora: “Vamos a responder a todo extranjero, como hemos hecho antes en el pasado. Esta es la fuerza del pueblo libio. Si quieren pelea, la tendrán”. Sus palabras trataban de alentar a sus seguidores, a los que llamó a iniciar una masacre en las calles. Para ello, anunció que abrirá el arsenal de la ciudad y facilitará armas a todos los que quieran luchar junto a él. “Preparaos para defender Libia”, “triunfaré sobre los enemigos”, “la gente de Libia me ama”, “seguid bailando, seguid cantando”, fueron algunas de las frases que dijo el dictador, cada vez menos líder de un país que se le ha levantado por los dos costados, este y oeste, y que avanza cada día un poco más hacia su palacio para unirse con la gente de Trípoli y dar la puntilla al régimen.

Nadie sabe con certeza hacia dónde se inclina la balanza en la capital, aunque algunas informaciones aseguraban ayer que la mayoría de los barrios en los que se habían producido disturbios habían sido finalmente controlados por los manifestantes. Si fuera así, el régimen tendría los días, quizás las horas, contados. Lo que ocurra depende de la resistencia de los habitantes de Trípoli, pero, sobre todo, de los movimientos que se están produciendo en el este y oeste de Libia. Los ciudadanos y los militares desertores han tomado las principales ciudades orientales (Bengasi, Tobruk y Misrata) e instituido comités vecinales para controlar la seguridad y la vida cotidiana, pero aún se hallan lejos de la capital.

Lo mismo ocurre en la parte occidental, donde los puntos más importantes (Zuara, Sebrata y Zauiya) también han sido tomados. En esta última ciudad, sin embargo, a unos 50 kilómetros de Trípoli, se vive un combate intermitente que de ser ganado por los rebeldes les llevaría a conquistar la capital del país. “Ya no hay tropas allí”, dijo un habitante de Trípoli a Reuters que venía de Zauiya. “Pero la mayoría de los habitantes de la ciudad permanecen en sus casas y en la calle solo están las milicias y los comités revolucionarios”.

Respuesta internacional

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU reclamó ayer una investigación internacional sobre los posibles crímenes de lesa humanidad perpetrados en las pasadas jornadas por el régimen de Muamar el Gadafi. La resolución aprobada en Ginebra coincidió con la decisión de la Unión Europea de imponer sanciones al coronel: congelación de activos de la familia Gadafi, prohibición de venta de armas y de material antidisturbios a Libia y elaboración de una lista negra de personas del régimen responsables de la mortífera violencia de las pasadas jornadas.

Al comenzar el encuentro, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, lanzó un enérgico llamamiento a adoptar acciones concretas para detener el derramamiento de sangre en el país magrebí. “La violencia debe parar. Los responsables de derramar la sangre de inocentes de una manera tan brutal deben ser castigados”, dijo Ban.

“Es hora de que el Consejo de Seguridad considere acciones concretas. Las próximas horas y días serán decisivas para el futuro de Libia, así como para toda la región”, insistió el máximo responsable de la ONUdespués de aventurar que el número de muertos en Libia puede alcanzar el millar. “Las acciones y las declaraciones del Consejo de Seguridad se esperan con mucha ansiedad y serán seguidas de cerca por toda la región”, aseguró, antes de irse sin aclarar si una intervención militar está entre las opciones que el Consejo de Seguridad debe barajar.

Poco antes Estados Unidos había anunciado una serie de sanciones unilaterales y multilaterales muy similares a las de Europa. A través de un comunicado, Barack Obama especificó que las medidas de castigo consisten en el bloqueo de las propiedades y transacciones vinculadas al régimen libio. “Estas acciones por tanto afectan al Gobierno de Gadafi, mientras protegen los bienes que pertenecen al pueblo libio”, señaló anoche (madrugada en la Península) el presidente de EE UU.

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