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El régimen libio amenaza con dejar el ataque de Misrata en manos de las tribus

El Jacaguero

El régimen libio ha anunciado en un tono entre amenazante y condescendiente que estudia retirarse de Misrata para que las tribus locales lideren la lucha contra los rebeldes. “Si el Ejército no puede resolver el problema por los bombardeos de la OTAN, entonces la población de la región entrará”, ha dicho a los periodistas el viceministro de Exteriores, Khaled Kaim.

Un rebelde, en una posición cercana a Misrata, controla a las tropas de Gadafi.- AP.

“La situación en Misrata está controlada. Las tribus se ocuparán de ello“, insistió el político, que tiene a bien conceder libertad a la población para decidir si quieren solucionar el conflicto “utilizando la fuerza o la negociación”. Según su visión de los combates y del cerco que se ha mantenido más de un mes alrededor de la ciudad, “la táctica del Ejército había sido hasta ahora una solución quirúrgica, pero los ataques aéreos impiden continuar con ella”.

Las extrañas declaraciones de la diplomacia de Gadafi no pasan desapercibidas para la comunidad internacional, que parece encontrar en ellas pruebas de que sus ataques están debilitando las posiciones del régimen. “La muestra de que tenemos éxito es que Gadafi ha cambiado de táctica y ahora está dispersando a sus fuerzas y escondiéndolas”, aseguró ayer a Efe el oficial Mike Rafferty, jefe de Estrategia en el Cuartel General de la OTAN en Esmirna (Turquía), desde donde se diseña la operación Protector Unificado en Libia. La OTAN aseguró ayer que considera de momento “un éxito” su operación en Libia y asegura que “hace todo lo posible” por ayudar a los civiles en Misrata.

Los mensajes cruzados están abundando en este conflicto. El senador estadounidense John McCain visitó ayer Bengasi para decir exactamente lo que el ‘Gobierno’ de los sublevados contra Muamar el Gadafi quería escuchar. “Animo a todos los países, y especialmente a Estados Unidos, a reconocer al Consejo Nacional Transitorio como la voz legítima del pueblo libio”, afirmó el ex candidato presidencial y primera gran figura política norteamericana que se reúne con los dirigentes rebeldes. Otros líderes occidentales seguirán sus pasos. Nicolas Sarkozy prevé viajar a la capital de la revuelta en las dos primeras semanas de mayo, según revelaron a Reuters fuentes del Elíseo. McCain y Sarkozy abogaron ayer por liberar los fondos libios congelados -decenas de miles de millones de euros- para financiar las exhaustas arcas del Consejo Nacional. Se suceden las iniciativas para defenestrar a Gadafi. Solo tres naciones -Francia, Catar e Italia? han reconocido la legitimidad del Consejo, imprescindible para que los insurrectos puedan acceder en condiciones al mercado de armamento.

La presión sobre el régimen, salvo en el campo de batalla, va in crescendo. El presidente Barack Obama autorizó el jueves misiones de aviones no tripulados sobre Libia. No será la panacea, a juicio de expertos militares, pero la precisión de estos aparatos ayudará a destruir objetivos en zonas urbanas y a socavar la moral de los soldados. Abdelhafiz Ghoga, vicepresidente del Consejo, dio la “bienvenida” a la entrada en acción de los ‘drones’ porque ello “ayudará a salvar vidas de civiles”. Hay más.

Reino Unido, Francia e Italia anunciaron a mediados de semana el envío de asesores militares a Bengasi, y aunque niegan que vayan a implicarse directamente en la guerra, la decisión suscita interrogantes. ¿Se envían asesores para ayudar a milicianos desarmados a los que, se dice, no se adiestrará para luchar? ¿Es un primer paso para alimentar su arsenal? Y ahora que el objetivo declarado de Occidente es destronar a Gadafi y que las sanciones pueden surtir efecto solo a largo plazo, ¿es posible derrotar al régimen sin una embestida terrestre?

Guerra en punto muerto

Los días en que la euforia en Bengasi cedía paso a la depresión en cuestión de horas, al compás de los avatares bélicos, son el pasado. La realidad se impone testaruda en los estancados frentes y los ciudadanos son conscientes ahora de que, salvo un inesperado colapso del régimen, derrocar al tirano llevará tiempo. Todo indica queel punto muerto en que ha entrado la guerra tiene visos de prolongarse, pese a que el jefe del Estado Mayor de EE UU, Mike Mullen, aseguró ayer que “entre el 30% y el 40% de las fuerzas terrestres de Gadadi han sido dañadas”.

Pronosticar acontecimientos en el Magreb es una aventura arriesgada. Pero sabe el Consejo Nacional que sin una intervención más mortífera de los aviones de la OTAN no se conseguirá hundir al régimen. Tal vez por ello, se amoldan los dirigentes a la nueva tesitura y se muestran dispuestos a concesiones difíciles de digerir. Ya justificaron la intervención aérea de la coalición internacional. Y ahora están dispuestos a aceptar la presencia de soldados foráneos en suelo libio, poco menos que herejía hasta hace unos días.

“Proteger a los civiles exige corredores para suministrar ayuda humanitaria. Si eso solo puede lograrse con el despliegue de fuerzas terrestres extranjeras, el Consejo Nacional no observa eso como una intervención militar extranjera”, ha declarado Ghoga. Los aliados erraron el tiro al fiarlo todo a la zona de exclusión aérea, y el envío de consejeros para asesorar a los milicianos sublevados es otro indicio de que las potencias occidentales no contemplan un desplome del Ejército libio, mucho más resistente ante la volátil situación bélica de lo calculado. “Si no se levanta Trípoli, esto va para largo”, asegura el ingeniero Hasan Mohamed.

El Pais.com

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