Ciclismo

La décima visita a San Remo de Óscar Freire

El Jacaguero

El país.com.- Cuenta su amigo Pedro Horrillo, uno que corrió a su lado largos años, que mientras otros de los grandes ciclistas con los que ha compartido equipo, como Paolo Bettini, se pasaban las vísperas de la Milán-San Remo hechos un ataque de nervios permanente -insomnios poblados de dudas, y si este ataca en el Poggio, ¿qué hago? ¿Y si el otro se va en La Cipressa? ¿Y qué hago para evitar el ‘sprint’?-, él, Óscar Freire, se transforma en una estatua de calma. “Él, Óscar, no se preocupa por los rivales ni por lo que digan los periódicos con sus grandes despliegues”, dice Horrillo. “Él sabe lo que tiene que hacer”.

Óscar Freire celebra su victoria en la clásica Milán- San Remo 2010- AP.

Lo sabe muy bien y no hace falta que su amigo Horrillo lo diga para saber que es verdad. Óscar Freire, de 35 años recién cumplidos, ha disputado nueve veces la Milán-San Remo, la ‘classicissima’, que dicen los italianos, el Mundial de primavera también lo llaman, que se disputa mañana sobre una distancia enorme de 298 kilómetros, y la ha ganado tres. Las otras seis ocasiones no terminó peor que octavo. “La he corrido todos los años que llevo de profesional salvo los dos primeros y en 2009, que tenía las costillas rotas”, recuerda Freire. “Y todos los años, salvo el de Bettini, 2003, he peleado por la victoria”.

Analizando recientemente los resultados de las primeras competiciones del año, la ausencia de corredores españoles de los primeros puestos del ránking mundial que tanto solían ocupar los últimos años, un sabio decía que eso ocurría porque Alberto Contador, el único español ganador de verdad, no había corrido grandes carreras. Se olvidaba, quizás voluntariamente, de Freire. O quizás involuntariamente pues es tal su gusto por la discreción, sus ganas de no hacer ruido, que Freire, pese a su edad, pese a su palmarés -uno de los más grandes del ciclismo mundial actual, pues incluye tres campeonatos del mundo y un buen número de clásicas-pasa a menudo inadvertido a la hora de establecer clasificaciones, de buscar favoritos, de crear tendencias. Y cuesta tanto introducir en la mente de las gentes del ciclismo en España que una clásica tiene tanto valor como una carrera por etapas. O más.

“Y, sin embargo”, dice Freire desde el hotel vecino a Malpensa -“qué cerca estoy de mi casa en Suiza”, dice melancólico. “Esta mañana he salido a entrenarme y he pasado a cinco kilómetros de mis hijos”- en el que se concentra la víspera con su equipo, el Rabobank, “mejor historial que yo en la San Remo no lo tiene nadie de los que participan”. Y también muy pocos en toda la historia pueden comparársele. Por delante, un puñado: Eddy Merckx que tiene el récord, inalcanzable, de siete victorias; Constante Girardengo, el primer ‘campeonissimo’ del ciclismo italiano, seis victorias en los años 20 del siglo pasado de una clásica que se corre desde 1907; Gino Bartali (años 40) y Eric Zabel (los 90), cuatro, y Freire tres, como Fausto Coppi y Roger de Vlaeminck, otros dos de los más grandes. “Quiero ganar la cuarta, claro”, dice Freire, “pero tampoco va a cambiar mi carrera el ganar tres o cuatro. Quiero ganarla pensando más que en mi carrera en la temporada, pues siempre viene bien empezar el año ganado la San Remo. Porque ahí está mi motivación, en salvar la temporada y en demostrar que puedo seguir rindiendo en lo más alto”.

Freire, que también la conoce como nadie, define la San Remo -la clásica que parte de la niebla de Milán que se despereza fría y del valle del Po para, a través del paso del Turchino y su largo descenso, alcanzar la rivera ligur, el altiplano de Las Mànie, ya en el kilómetro 200, los tres cabos, Cervo, Mele y Berta, la Cipressa, a 20 kilómetros de San Remo, la vía Aurelia, la subida al Poggio, hermoso y florecido, el descenso vertiginoso, la llegada tras peligrosas curvas al paseo marítimo Italo Calvino- como la clásica “más complicada”. “La San Remo se puede perder en cualquier detalle. Simplemente por ir mal colocado en una subida, aunque esté lejos de meta, te puedes ver obligado a hacer un esfuerzo de más que te hace estar a contrapié todo el día”, dice el sprinter de Torrelavega. “Parece sencilla, pero no se puede tener ni un error. Eso no pasa en otras clásicas más duras, como la Lieja-Bastogne-Lieja, en las que no gana el mejor, si no el más fuerte. Schleck puede estar corriendo fatal, mal colocado o lo que sea, pero llegado el momento, ataca y nadie le sigue…”

La San Remo, pues, es la clásica de los corredores inteligentes, de los que saben. “Esto es como el fútbol. Lo miras por la tele y parece facilísimo dar los pases buenos, buscar los desmarques… Pero en el campo, si no estás dónde tienes que estar no ves una pelota. Lo mismo en el ciclismo. Yo sé dónde hay que estar”, dice Freire, que llega a su clásica favorita con dos victorias en el año, ambas en la Vuelta a Andalucía. “Lo vi perfectamente el año pasado. Me vi luego por la tele. Fue la carrera perfecta. Mi mejor San Remo [la ganó en 2010 y también en 2004 y 2007], en todo momento supe donde tenía que estar, buscaba y encontraba, me coloqué siempre bien. Y este año me encuentro de forma igual que el año pasado… Tengo el nivel para estar delante, y quién sabe si no acabo entre los diez primeros. Ha habido años en que no he ganado en que he estado más fuerte que cuando he ganado. Pero si no gano, no será un desastre”.

Hay quienes llaman a la San Remo, al Mundial, a las clásicas en las que vale más la táctica, la sabiduría, que la fuerza, carreras-lotería, pues su victoria la suele disputar al ‘sprint’ un grupo grande. “Es un error llamarlas lotería, pues siempre las gana o un corredor consagrado o uno joven que seguirá ganado grandes cosas”, dice Freire, que contradice con sus números, un 33% de victorias, el único corredor que ha repetido triunfo en los últimos diez años. “En la Tirreno-Adriático he observado a los posibles rivales. He visto que hay gente que puede llegar al final bien, Petacchi, Hushovd, Bennati y no olvidemos a McEwen. Otra cosa es con qué fuerzas lleguen. Eso depende de cómo se haga el final. Y no creo que Gilbert, del que todos hablan, pueda llegar solo al paseo marítimo”.

Tradicionalmente disputada en Vía Roma, desde 2008, un final inaugurado con un ataque demoledor de Fabian Cancellara, la llegada de la San Remo se trasladó al paseo de Italo Calvino, un kilómetro más lejos del Poggio. “A mí me gustaba más Vía Roma”, dice Freire, que ha ganado en ambas rectas, “pues estaba más cerca del Poggio y era más difícil que entraran los que se rezagaban allí. Vía Roma es mucho mejor para el que está bien…”.

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