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Las amenazas del régimen de Gadafi no aplacan las protestas en Libia

El Jacaguero

El País.com.- Las amenazas vertidas por el hijo del dictador libio Muamar el Gadafi, Saif el-Islam, contra la población en un mensaje televisado, en el que advertía del riesgo de una guerra civil si continuaban las protestas, no han aplacado la ira de los manifestantes que reclaman reformas democráticas en el país árabe. La revuelta en Bengasi, la segunda ciudad del país, amenaza ahora con extenderse a Trípoli, bastión de los partidarios de Gadafi.

Varias agencias informan de que algunos edificios gubernamentales de la capital libia han sido pasto de las llamas esta mañana y que las sedes de la televisión y la radio públicas han sido saqueadas y quemadas por una turbamulta enfurecida esta pasada madrugada. “La Casa del Pueblo (Parlamento) está en llamas; los bomberos tratan de apagar el fuego”, ha explicado un testigo citado por Reuters. Al Yazira informa de que la sede central del Gobierno libio y el edificio que alberga el Ministerio de Justicia en Trípoli también han sido incendiados. Mientras, las fuerzas del orden se han retirado prácticamente de las calles de la capital, según relata Reuters, que asegura que una comisaría de un barrio del este de la capìtal ha sido asaltada y calcinada.

Mientras la revuelta en las calles se encona, las críticas contra la represión ejercida por el régimen van en aumento. Mohamed Bayou, que hasta hace un mes ejercía de portavoz del Gobierno, ha dicho que el empleo de la violencia para frenar la revuelta es una decisión equivocada. En un comunicado que pone de relieve las primeras divergencias dentro de la élite gobernante en Libia, Bayou ha reclamado a Saif al-Islam Gaddafi que abra un diálogo con la oposición. “Espero que cambie su discurso y reconozca la existencia de una oposición interna. Que abra un diálogo con ellos para lograr cambios en el sistema libio”, ha explicado este ex responsable.

233 muertos

Al discurso del hijo de Gadafi le siguieron anoche tiros y muestras de descontento en Trípoli. La cadena BBC cita testigos en Trípoli que relatan duros enfrentamientos esta madrugada entre manifestantes antigobierno y simpatizantes del dictador. Las organizaciones de derechos humanos Human Rights Watch y Amnistía Internacional están actuando de portavoz de lo que ocurre en el país, bajo un régimen dictatorial desde hace 42 años. HRW maneja la única cifra con cierta vitola de oficialidad: 233 muertos y un millar de heridos.

Una revuelta contra Gadafi parecía imposible hace unos días. Más aún que esta alcanzara Trípoli, el feudo absoluto del general. Sin embargo, se extiende la impresión de que los jóvenes han comenzado a perder el miedo al régimen y han salido a la calle. La llamada plaza Verde se ha convertido en el centro de las manifestaciones. Un millar de personas se ha reunido allí y han sido disueltas a base de gases lacrimógenos.

El levantamiento continúa sobre todo en el este del país, y Gadafi sigue reprimiéndolas con fuego de mortero y ametralladoras. Las primeras imágenes que salen del país, vídeos caseros grabados por los propios manifestantes, muestran grupos armados persiguiendo a la gente y hombres cayendo por las balas. Ayer el descontento estalló en Musratha, (340.000 habitantes), la tercera ciudad después de Trípoli y de Bengasi (epicentro de la sublevación y segunda ciudad libia, con poco más de un millón de habitantes, en el noreste). También se contagió a una importante tribu, Werfella, en un país en el que Gadafi gobierna desde hace 42 años gracias a sutiles alianzas tribales.

En las últimas horas los manifestantes marcaron algunos puntos en Bengasi, el foco más rebelde. Ocuparon Quryna, el rotativo afín a Saif el-Islam, y se apoderaron de vehículos militares. Según todos los testimonios procedentes de los disidentes de Bengasi, la ciudad escapa ya al control de las fuerzas de seguridad. Los disidentes también han tomado tanques y grandes cantidades de armas y municiones del Ejército, según reconoció el hijo de Gadafi en el discurso. “Los criminales circulan incluso a bordo de blindados”, dijo.

En las ciudades orientales Al Bayda, Darna y Ajdabiya, parte de las fuerzas de seguridad se han pasado al lado de los manifestantes. Los familiares de las víctimas mortales del miércoles y del jueves, pensaron que ellos también podían confraternizar con las fuerzas de seguridad. Su excesiva confianza propició la peor matanza que se ha producido en Bengasi, narra un vecino de la ciudad que pide no difundir su identidad. Tras el entierro colectivo, los familiares de los muertos acudieron, el viernes al caer la noche, a la sede central de la policía. “¡Nosotros y las fuerzas del orden somos el mismo pueblo!”, gritaban.

Un oficial de las fuerzas de seguridad salió del edificio, recuerda el vecino, y les dijo que sí, que “eran el mismo pueblo”. Invitó a entrar a los que estaban en primera fila y cerró las puertas. “Mataron a 23 hombres”, asegura. “Los difuntos tienen heridas de bala en la cabeza y en el pecho”.

Como sucedió en El Cairo, en la plaza Tahrir, en Bengasi hay un lugar de protesta permanente. Es la plaza situada ante los juzgados, al norte de la ciudad. Allí llegaron a concentrarse hasta 30.000 personas, según el vecino de citado, pese al temor de ser acribillados a balazos. Por la noche siempre permanece un retén.

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