Opiniones

Monseñor Moya

El Jacaguero

Editorial del semanario Camino

SANTIAGO, República Dominicana.- La Iglesia dominicana está de fiesta. Uno de sus hijos celebra 50 años de vida sacerdotal. Monseñor Jesús María De Jesús Moya llega a medio siglo de entrega y servicio.

Apolinar Ramos, director del semanario.

Al mirar su trayectoria encontramos en el diccionario del alma agradecida algunas de las cualidades que hacen de este apóstol una persona muy especial.

Fiel, austero, recto, amigo cercano, puntual, conciliador por excelencia, defensor del pobre y desvalido, sincero, humilde, organizado, modelo de trabajo, solidario, sin ruido, sencillo, emprendedor y desprendido.

Damos gracias a Dios por este cumpleaños, y desde CAMINO, medio al cual Monseñor ha estado ligado desde su nacimiento, nos unimos al pueblo francomacorisano en este regocijo.

¿A dónde vamos?

Santiago, la Ciudad de los 30 Caballeros, va perdiendo el sosiego y la tranquilidad que caracterizaron a este pueblo noble y trabajador.

A la ciudad del Yaque Dormilón le van marchitando su encanto.

Los delincuentes van poniendo de rodillas a sus habitantes.

Los asaltos, atracos y otros hechos de violencia no tienen horas. Hay temor. Estamos viviendo en una cárcel sin puertas.

¿Cuáles causas están generando esta descomposición social?

• Tráfico y consumo de drogas.

• Impunidad frente a los casos de corrupción, y que se convierte en estímulo para personas que justifican su mala conducta diciendo que los de arriba lo hacen y no pasa nada.

• Desempleo

• Deterioro de los servicios públicos.

• Destrucción de muchas familias que envían a la calle a potenciales antisociales.

• Jóvenes sin ideales que llenan su mente de basura, llegando a un estado de enajenación que los lleva a cometer cualquier fechoría.

Lo penoso de esta situación es que se va generando una sensación de frustración en la población, que piensa que todo se perdió, y que nada se puede hacer. También, creer que la muerte a cada instante de los malhechores por mano de la Policía Nacional frenará este caos. El problema es más profundo. Si no se atacan las raíces que provocan la delincuencia estaremos arando en el mar.

Hay naciones que comprendieron esta realidad y aplicaron políticas sociales coherentes y hoy comienzan a ver cómo desciende drásticamente la violencia y los crímenes.

Aprendamos esta lección. Santiago, y los demás pueblos, quieren vivir en paz.

 

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