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Quito lucha contra unos 200.000 invasores pequeños, silenciosos y pegajosos

El Jacaguero

Por  Susana Madera

Quito, 11 nov (EFE).- El dulce sabor del chicle se ha convertido en una amarga y costosa experiencia para el Municipio de Quito, que se ha embarcado en una campaña para sacar los 200.000 pegotes que se calcula que hay en el Centro Histórico de la ciudad.

El Municipio ha descubierto que, como las minas anti-personales, cuesta más quitar las gomas de mascar que lo que valen.

Se calcula que en el centro de Quito, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, hay 200.000 chicles botados, aproximadamente 10 por metro cuadrado, y limpiar cada uno de ellos le cuesta a la ciudad 20 centavos, en tanto que una goma de mascar se vende por 5 centavos.

En un “censo” en el que participaron alumnos de colegios, en el marco de la campaña municipal “Quito limpiecito”, se detectaron 47.000 pegotes sólo en la plaza de la Iglesia de Santo Domingo, que mide algo más de medio campo de fútbol, dijo a Efe Carlos Sagasti, director de la Empresa Pública Metropolitana de Aseo de Quito (Emaseo).

Los estudiantes dibujaron un círculo alrededor de cada uno de ellos y la plaza de la Iglesia lució un interminable rosario de bolas blancas, la evidencia del silencioso y pegajoso maltrato a la ciudad.

En la Plaza de la Independencia, una de las más concurridas de la ciudad y que está frente al palacio de Carondelet, sede del Ejecutivo, se estima que hay otros 50.000 chicles pegados. “Es una locura”, dijo Sagasti.

En la “batalla” contra los chicles, el Municipio usará dos modernas y potentes hidrolavadoras, valoradas en 131.000 dólares.

“Nos demoramos hasta 10 segundos en sacar chicle por chicle”, explicó Sagasti, al anotar que tras esa eliminación se da un lavado a vapor a las piedras del centro histórico, “que empiezan, además, a recuperar su color original”.

A Emaseo le tomará entre tres y cuatro meses sacar todos los chicles y emprenderá junto con empresas privada, una campaña para que la gente no los vuelva a arrojar, bajo multa de hasta 24 dólares.

“Es una batalla porque les estamos entrando casi, casi con un armamento”, dijo, al comentar que las máquinas lanzan agua a presión tan alta que “pueden cortar los dedos”.

Recordó que antes del uso de las hidrolavadoras se pagaba a empresas privadas cerca de dos dólares por metro cuadrado de limpieza con maquinaria de escaso poder, por lo que están “más que seguros” que ahora los costos por la extracción de chicles bajarán.

Los camiones cuentan con un tanque cisterna de 7 metros cúbicos y tienen un equipo estacionario a gasolina y otro de hidrolavado con caldero a diesel, que contiene agua fría, caliente y vapor.

La presión ideal para extraer los chicles es de 2.600 libras y la temperatura del agua es de 150 grados centígrados.

“Este no es un tema de aseo, es una cuestión de dignidad”, sentenció. “Si yo en mi casa no boto el chicle, no lo voy a hacer en mi ciudad”, agregó.

Los chicles no son el único objetivo del Municipio, que también tiene campañas para que la gente saque la basura dentro de los horarios de recolección y para que no tire desperdicios a las calles, algo cada vez menos común en la ciudad, aunque aún latente.

Asimismo, montará puestos en festivales de música para que la gente se acerque con el envoltorio de lo que haya consumido y lo transforme en una “obra” a través del origami (papiroflexia).

También aumentará el número de tachos de basura en las calles y prepara una muestra de unas 25 fotografías de los “lugares más inverosímiles donde la gente pone la basura”.

Esa exposición, en marcos elaborados con productos reciclados, se exhibirá en los ocho mayores centros comerciales de Quito, donde”entran diariamente más de 200.000 personas”, según Sagasti. EFE

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