Conversando con Castaños Guzmán

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JUAN T H

No sé si en el país habrá elección el año próximo. La situación política está cada día más difícil, llena de incertidumbres y acertijos que nadie puede descifrar. Lo que sucederá en los próximos días nadie, que no tenga una bola de cristal y la capacidad de predecir el futuro como Nostradamus, lo sabe.

El que está convencido de que el año próximo el pueblo irá a las urnas para elegir a sus nuevas autoridades congresuales, municipales y presidenciales, es el doctor Julio César Castaños Guzmán, presidente de la Junta Central Electoral. Y no sólo tendremos elecciones, dice, sino que serán totalmente distintas a las anteriores, caracterizada por la violencia, la compra de votos, el robo de urnas, dislocamientos, etc., etc.

Castaños Guzmán se presentó a la emisora Súper 7 que dirige George Rodríguez junto con algunos funcionarios de la JCE para mostrar y enseñar cómo será el voto automatizado; fácil y ágil, que se utilizará durante las primarias, tanto del PLD,  abiertas, como las del PRM, cerradas. Es la JCE, no los partidos y sus cúpulas, la que dirigirá el proceso y determinará los ganadores.

Es verdad que votar es muy sencillo y rápido. Lo vimos. No hay que ser un intelectual, haber estudiado en Harvard o en la Sorbona de París para votar. Ni siquiera ser bachiller. (Espero que funcionen a la hora cero y que más de “tres mil técnicos” no desaparezcan el día de las elecciones para no hacer el papelazo de Roberto Rosario)

Ojo, en los bancos, donde hay equipos similares, las personas no saben manejarlos.  Un empleado de la institución tiene que explicarle a cada ciudadano el procedimiento para obtener un tique para el orden de llamada. (No sé cómo se hará en los municipios, distritos y zonas aledañas donde la gente no sale leer ni escribir. Será un serio desafío)

Cuando le preguntamos sobre la crisis del PLD y los intentos de modificar la Constitución dijo que la JCE no tiene competencia en esos asuntos, que no se puede distraer en nada que la ley no le dé atribuciones, que sus tareas están muy claramente definidas en la Constitución, en la  ley de régimen electoral y de partidos políticos.

Con relación a la decisión de mantener el arrastre en unas provincias y eliminarlo en otras, recordó que esa resolución ha sido judicializada en el Tribunal Constitucional y que se respetará la decisión que adopta esa Alta Corte. “Nosotros no queremos  favorecer, ni perjudicar a nadie. Lo que decida el Constitucional, se hará”. Fueron sus palabras.

Aseguró que en el pleno, donde se producen discusiones muy ricas dentro de un marco de respeto, hay mucha armonía, primando siempre el interés de hacer las cosas bien para beneficio del pueblo dominicano. Afirmó que hasta el momento el dinero necesario para cumplir todos los compromisos han estado fluyendo satisfactoriamente razón por la cual la agenda de trabajo ha continuado sin contratiempos.

Castaños Guzmán dijo, al terminar la interesante conversación, que jamás se prestará a una vagabundería, que actuará dentro del marco de la Constitución y las leyes, que  no hará nada que dañe su buen nombre y el de su familia, que el pueblo debe estar seguro que las elecciones se realizarán dentro de un marco democrático donde –reiteró- el que ganó, ganó, y el que perdió, perdió. (¡Ojalá que el diablo se haga el sordo!)

El hombre habla bien, fluido y convincente. Espero por su bien, el de familia que tanto honra, sus palabras se corresponda con los hechos, que no actúe bajo presión del poder, que no lo intimiden las amenazas ni las bravuconerías de dirigentes partidarios del gobierno o de la oposición. (Debe tener los “timbales” bien puestos)

El reto será muy grande; habrá que tener coraje y determinación para enfrentar los avatares del porvenir poniendo en primer plano el interés nacional, no los de un partido o de un grupo. Confío –por el bien del país- que la JCE que encabeza Julio César Castaños Guzmán, integrada además por Henry Mejía, Carmencita Imbert Brugal, Roberto Saladin y Rosario Graciano actúen de acuerdo a las circunstancias más allá de sus simpatías partidarias o políticas, sabiendo que no tienen que agradecerle nada a nadie, que están ahí designados legalmente por cuatro años. Y que solo tienen el compromiso de organizar unas elecciones democráticas donde, ciertamente, “el que ganó, ganó, y el que perdió, perdió”, eliminando de ese modo el fantasma recurrente del fraude y el robo de las elecciones.