Cristina Fernández se consolida como gran favorita en las primarias argentinas

El Jacaguero

Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias que se han celebrado el domingo en Argentina, se han desarrollado como estaba previsto; un ensayo general con todo, como en los estrenos de ópera, que confirma el papel estelar de Cristina Fernández de Kirchner como la gran favorita para las elecciones verdaderas del próximo 23 de octubre. La duda, que no se despejará hasta bien avanzada la madrugada del lunes debido al complicado escrutinio, es si la soprano alcanzará las altas notas exigidas por el libreto, es decir, si superará el 40% del voto emitido, y quién será elegido finalmente como segunda figura. Según los primeros sondeos a pie de urna, el peronista disidente Eduardo Duhalde podría haber superado al radical Raúl Alfonsín, que quedaría en tercer lugar. Y la presidenta podría haber logrado 20 puntos de diferencia sobre Duhalde.

Entre bambalinas, ensaya también el socialista Hermes Binner, de 68 años, que aspira a lograr un porcentaje suficiente como para instalar sólidamente a su pequeño partido en el escenario político nacional. Esa sería una de las novedades más destacadas de la jornada desde el punto de vista del mapa político, que puede quedar dibujado nuevamente mañana, tanto para el Gobierno como para la oposición.

Paralelamente a los candidatos a presidente y vicepresidente, se eligen también candidatos a gobernador de varias provincias, entre ellas la siempre decisiva Buenos Aires; la mitad de la Cámara de Diputados, un tercio del Senado y numerosos intendentes y cargos locales. El hecho de que estas primarias sean inéditas planteó dudas sobre el nivel de participación, pero la masiva afluencia de votantes ha confirmado los niveles de otras elecciones.

Las elecciones primarias fueron impuestas en la reforma política de 2009 y se celebran este año por primera vez, en teoría “para poner en manos de los ciudadanos lo que estaba en manos de las pequeñas burocracias de los partidos”, según explicó el ministro del Interior, Florencio Randazzo. Las primarias obligatorias deberían consagrar las candidaturas presidenciales de los tres partidos y siete coaliciones que acudirán a las urnas en octubre próximo. En realidad, el resultado no ha sido dirimir las luchas por el poder dentro de esos partidos, sino que se han convertido en una especie de sondeo monstruoso, con cerca de 28 millones de encuestados. El objetivo final de unos y otros es ahora crear un clima político favorable a sus intereses de aquí a octubre.

El papel de los radicales

La presidenta, de 58 años, y los kirchneristas necesitan imperiosamente superar de la manera más clara posible el 40% del voto y demostrar al electorado que puede barrer en octubre a cualquier oponente, sin necesidad de someterse a una desestabilizadora segunda vuelta ni a las complicadas tensiones dentro de su propio Partido Justicialista.

Ricardo Alfonsín, de 59 años, líder del Partido Radical e hijo del expresidente Raúl Alfonsín -que protagonizó el retorno a la democracia tras la dictadura militar-, necesitaba afianzarse como el candidato mejor situado para dar la batalla a Cristina Fernández. Quedar en estas primarias por detrás de cualquier otro candidato opositor sería una verdadera derrota para el político radical.

Los radicales reconocen que no pretendían desplazar a Cristina Fernández como triunfadora de la jornada, sino algo más modesto pero esencial: instalar la duda sobre la posibilidad de que la presidenta gane directamente en octubre. Para Alfonsín, peor aún que un éxito fulgurante de Cristina Fernández, habrá sido quedar en tercera plaza, por detrás del veterano Duhalde, porque, en ese caso, las elecciones de verdad se desarrollarían prácticamente entre dos candidatos peronistas -uno progresista, Cristina Fernández, y otro conservador, Eduardo Duhalde-, dejando a los radicales fuera del mapa.

Eduardo Duhalde, de 69 años, un barón peronista de toda la vida, fue presidente de la República entre enero de 2002 y mayo de 2003 e impulsó la candidatura de Néstor Kirchner, entonces un casi desconocido gobernador de una pequeña provincia, como su sucesor. Sus relaciones con el kirchnerismo se deterioraron rápidamente y en la actualidad es uno de sus más acérrimos detractores, hasta el extremo de abandonar el Partido Justicialista y crear su propio grupo. Su mayor problema es el alto nivel de rechazo que provoca en los sectores medios y altos, que le asocian a la crisis del corralito y a las estructuras más populistas del peronismo.

Fuente | ElPais.com

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