El Gobierno del presidente Fernández y su compromiso con el sector productivo

El Jacaguero

Por Claudio Márquez

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- En uno de sus resúmenes cotidianos, la Dirección de Información, Análisis y Programación Estratégica del Gobierno, mejor conocida por las siglas de “diape”, hizo alusión reciente al contenido de unas declaraciones vertidas por el señor presidente de la República, doctor Leonel Fernández, en las que el mandatario reitera sus compromisos a fin de que el sector productivo nacional sea protegido frente al proceso de apertura y crecimiento en que sigue envuelta la economía de la nación.

La importancia y tratamiento de esta información se focaliza, por lo menos, en dos direcciones inmediatas: La primera en el imperativo de las autoridades gubernamentales de renovar su compromiso con los sectores productivos de la nación y, la segunda, en la necesidad que tiene el país de emitir un señal  más clara con respecto a las implicaciones de las opiniones emitidas la semana pasada por el reconocido dirigente empresario Antonio Isa Conde, quien mostrara su preocupación pública por el declive advertido en la participación del sector manufacturero en el Producto Interno Bruto (PIB) del país.

Mientras el presidente Fernández evoca la necesidad  de adoptar medidas dirigidas a proteger la industria nacional  de las perturbaciones derivadas del Acuerdo de Libre Comercio entablado por el país con Estados Unidos, Centroamérica y la Organización Mundial de Comercio (OMC), Isa Conde revela que durante el período 2000-2010 el sector manufacturero, uno de los más influyentes en el  comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB) de la nación,  había pasado, es decir, descendido de un 34 %  a un 24 % . Incluso, sus señalamientos en el orden de que por cada empleo perdido en el sector industrial por lo menos cinco descendientes directos del mismo se ven también  afectados, empujan a una revisión cuidadosa de la problemática.

En consecuencia hay una lógica de preocupación compartida en las consideraciones del presidente Fernández y en las opiniones plasmada en los medios de prensa por el doctor Antonio Isa Conde.  Ahora bien, el empuje inmediato de esta combinación lógica debiera caminar en la dirección de una reacción estatal centrada en el objetivo de evitar la continuidad del deterioro observado por el sector manufacturero.

En la medida en que podamos disponer de una adecuada y actualizada estructura manufacturera e industrial, en esa misma proporcionalidad habrá de tornarse el país más competitivo frente a las implicaciones de una economía global cada vez más abierta. Pero estas preocupaciones, aunque enfocadas desde escenarios diferentes, son las que pudieran garantizar el equilibrio de la balanza comercial de la República Dominicana, perjudicada por la falta de una planificación coherente  y, en lo esencial, orientada a la diversificación de la producción y las exportaciones nacionales.

Por tanto, no tenemos duda en cuanto a la certeza de los señalamientos formulados por el señor presidente de la República, interesado más que nada en la protección del sector manufacturero e industrial del país. El problema es que ante la ausencia de una programación estratégica competitiva, la nación dominicana se observa realmente rezagada en la consideración y tratamiento riguroso del problema  concerniente a la producción y al comportamiento  cíclico de la economía nacional.

Por suerte, la voluntad política de quienes dirigen e inciden, de una u otra forma, en el comportamiento de las variables  productivas y económicas de la nación, reside en el imperativo de inducir los cambios que permitan disminuir los efectos negativos reflejados en estas esferas fundamentales de la producción, la exportación y la economía de la nación.

La atención y corrección del problema tampoco debiera  circunscribirse a la fijación de las normas e innovaciones de competitividad comercial frente a Estados Unidos, sino también en la necesidad de tomar en cuenta la dinámica observada en términos de producción y exportación en otros países de la región.

El crecimiento y el desarrollo económico se conciben como un ajuste de escala, sobre todo tomando en cuenta las limitaciones estructurales de América Latina, así como sus grados de dependencia tecnológica. En efecto, el objetivo de tornar el país cada vez más competitivo exige de una reflexión previa alrededor de estos indicadores y variables productivas, comerciales, industriales y tecnológicas; comprometiéndonos a la vez con la adopción de una programación de alcance estratégico mediante la cual podamos medir y ajustar las potencialidades de desarrollo de la nación.

*El autor es periodista.

3 comments

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