Los Medios de Comunicación e Información: Democratización y aproximación a su alineación autoritaria

El Jacaguero

Por Claudio Márquez

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Durante años ha sido considerado y analizado el papel de los medios de comunicación en la formación de la cultura, las manifestaciones aptitudinales y el influjo de los mismos en el desempeño de la sociedad.

Desde la vieja escuela crítica marxista de Frankfurt, donde comenzó a gestarse, sobre la base de los estudios sociológicos de Jurgen Habermas,  el nuevo modelo de estudio y análisis de los medios de comunicación de masas, sin obviar los aportes hechos con posterioridad a la interpretación cultural de éstos por Michéle y Armand Mattelart, los esfuerzos por desvelar y modificar su alineación autoritaria y apuntalar una visión crítica de su desempeño ha estado presentes en la mayoría de los enfoques sobre Comunicación y Sociedad.

En el caso de  J. Habermas, por ejemplo,  se plantea la importancia de considerar el desarrollo de la comunicación social a partir de dos formas concretas de racionalidad: la racionalidad sustantiva del mundo social  y la racionalidad formal del sistema.

En sus reflexiones críticas Habermas atribuye una función especial a la acción social comunicativa, sin dejar de destacar que ella envuelve un papel de socialización, en el que están presentes los factores de: 1) Recepción y reproducción cultural, 2) De integración social y, 3)  De desarrollo de la personalidad y la identidad personal. En consecuencia, la visión crítica de Habermas sobre la acción comunicativa apunta hacia un tipo de racionalidad en la que se ventila la cuestión de la acción comunicativa como mecanismo de producción y reproducción cultural; como expresión de la integridad social y del desarrollo de la personalidad.

Es en torno a estos tres ejes filosóficos y sociológicos que Habermas habrá, más tarde, de acuñar el concepto de Democracia Deliberativa, evocada por vez primera por Joseph M. Vésete, por cuyo medio se persigue establecer un hilo normativo dirigido a mejorar la interpretación y comprensión del principio “Democracia Deliberativa”.

El hecho es que en sus planteamientos Habermas asocia también este concepto a la toma de decisiones sociales y políticas. Al derecho social de ventilar la problemática de la libertad y los derechos fundamentales del hombre, dentro de los cuales se inscribe de manera primordial el derecho a la palabra y la disidencia

Habermas propone además, en la línea de otros peritos en la materia, como  Dennis Thompson,  Jonh Rawis,  Amy Gutmann y  Carlos Santiago Nino,  la necesidad de tomar los principios de la “democracia deliberativa” como ente de participación en una auténtica democracia política.

Incluso, considera que la democracia implica “una exigente concreción del ideal participativo” Estas pautas son las que han impactado e incidido – de una u otra forma – en la consideración crítica sobre la comunicación y los medios masivos, reforzada por nuevas corrientes de pensamiento, como la esbozada por Arnand y Michéle Mattelart, quienes estuvieron recientemente en el país invitados por la Fundación Global , Democracia y Desarrollo (FUNGLODE) para  dictar sendas conferencias sobre la temática de  los medios de comunicación masiva en la sociedad globalizada.

Los Mattelart son gestores de la interpretación y análisis de la comunicación desde la perspectiva de las dimensiones estructurales de la sociedad;  ambos analistas se sumergen en la caracterización de los medios masivos y su función social. Títulos como “La cultura como empresa multinacional”,  “La ideología de la prensa liberal”  y  “Comunicación masiva y revolución socialista” vendrían a marcar, pero sobre todo a develar un tipo directo de elucidación de la cultura, tarea en la encajan las empresas transnacionales y locales envueltas en la esfera de la comunicación de masas.

Con su trabajo “La agresión desde el espacio, los hermanos Mattelart retoman la cuestión de la dominación ideológica y cultural en la sociedad globalizada y prescriben el papel del capital transnacional en la democracia neoliberal; tomando esencialmente en cuenta el influjo de las nuevas herramientas tecnológicas en el área de la comunicación, así como la conformación  de la cultura y en el proceso de reestructuración del capital en el plano global.

De ahí que los Mattelart hayan ayudado a construir una reflexión crítica de los medios en función de los intereses creados y sus orientaciones estructurales e ideológicas.  Es la etapa en que Armand Mattelart agrega el texto “América Latina en la Encrucijada Temática ”, trabajo elaborado junto a Héctor Schmucler, sociólogo y semiólogo argentino del que por vez primera oímos hablar en La Habana , Cuba, a mediados de la década de los  ´80; y quien formara además parte del grupo de intelectuales y comunicólogos responsables de la edición de la revista Comunicación y Cultura, fundada en 1970, en pleno apogeo del gobierno del malogrado presidente socialista Salvador Allende y, por tanto, de la Unidad Popular Chilena.

En uno de sus ensayos, publicados en la revista argentina Artefacto, de la cual  Schmucler es fundador, hace especial referencia al concepto de comunicación bajo los nuevos designios tecnológicos, sin dejar de apreciar que mediante esta condición   “la comunicación ha ido logrando imponer su nombre a casi todo lo que el ser humano conoce y realiza en el mundo…” Consideración a la que agrega: “resulta cada vez más difícil señalar un lugar preciso que dé cuenta de sus límites conceptuales.

¿De qué hablamos cuando aludimos a la comunicación? En su expansión semántica, el término parece nombrar cualquier forma de existencia material o espiritual, abstracta o concreta, sintética o natural. Es evidente el riesgo: puede cesar su función significativa. Si logra mentar todo, será inútil decir de algo que es un hecho de comunicación: diferenciar es condición  de cualquier conocimiento. Reducido al campo de la comunicación masiva, en el que se reconoce el conjunto de medios impresos, sonoros y audiovisuales utilizados para la difusión colectiva de cualquier tipo de mensaje, el concepto no adquiere más precisión: es notoria la  inhabilidad e inespecificidad de las teorías que intentan acercarse a la significación de los medios”.

Por tanto, concurrimos a un escenario en el que la multiplicidad de enfoques complica la comprensión del concepto de comunicación, y en la que sus rasgos más característicos no dejan de afectar su función significante. La batahola alrededor del concepto de comunicación, según dice el propio Schmucler, implica también establecer qué cosa es un hecho comunicativo.

La  cuestión es que las diferentes formas de diversificación de la comunicación  en el contexto de la “Era de la Información y la Comunicación ”, impide aproximarnos o disponer de un enfoque interpretativo de la misma. “Todo es, todo depende de la comunicación”, es lo que se vende como paradigma en la nueva realidad de la comunicación, pero sin permitir añadir a ésta un aspecto que es fundamental: su dimensión ideológica y, por tanto, su identidad cultural.

Visto como lo plantea este brillante investigador argentino, el concepto de comunicación en la sociedad globalizada se esgrime al amparo de una “generalización” que afecta su valoración y grados significantes.

A  lo que Schmucler apunta: “El asunto no es menor cuando la comunicación mediática expande incesantemente su presencia y, a la vez, crece la incertidumbre sobre los criterios para  establecer en qué sentidos esa presencia influye en la conformación de la vida de los seres humanos.

En lo que sigue procuro destacar algunas perplejidades -¿incomodidades del alma?- derivadas de observar cómo se han orientado muchas de las reflexiones sobre comunicación, las tangibles dificultades que surgen de un lenguaje que se erosiona en su capacidad de nombrar, las trampas que el discurso dominante ha sembrado y la facilidad (¿complacencia?) con que cayeron en ella antiguos expertos en detectar esas trampas.

El rápido  hundimiento de referencias axiológicas y éticas -sin las cuales pensar la comunicación es una aporía-   participa de un movimiento en el que las ideologías fueron vueltas  irrisorias”.

La Web o Internet es una de las más fabulosas iniciativas de la Era de la Información y la Comunicación. Sin embargo en ella se reproduce la incertidumbre de los medios tradicionales de información y comunicación (radio, televisión, periódicos, cine), lo que opaca su carácter ideológico y, por tanto, su condición de instrumentos de  cambio y proyección cultural.

Creo que vale la pena tocar, es decir, referenciar, los alcances de este modelo de práctica comunicativa porque, en verdad, en el medio local carecemos de una visión que facilite distinguir la comunicación como instrumento de cambio y la comunicación como agente de tráfico, circunscrita más a los aspectos banales y triviales de la sociedad que a su formulación crítica.

Como instancia privativa de la comprensión de los problemas sociales, junto a su concebida mediatización, la comunicación se traduce en mero instrumento de control y dominación social, ideológica y cultural, contexto en el que el periodista o “comunicador” se hace  verdugo de la razón y la verdad.

Empero, la condición de verdugo de la información y la comunicación  no responde meramente un hábito, es decir, a una costumbre característica de los medios y sus entes, sino y básicamente a la ordenanza y disposición de los medios masivos como instrumentos jerarquizados de control social.

Es la causa, no otra, por la que el tráfico de información  se exprese sujeto a las condicionantes soterradas de los “ejecutivos” de medios. Debe aclararse, de inmediato, que la consideración de la información como tráfico define un vínculo perturbador y alienante en el proceso de comunicación. Que la lucha contra este flagelo en los medios masivos está aún pendiente,  y que los llamados a cambiar o modificar su realidad no son los que han hecho de ella una forma de vida fácil.

Sobreros  únicamente para los que dispongan de cabeza…

3 comments

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