UN PRESIDENTE EN CELO

Juan TH

El Jacaguero

Por JUAN T H

SANTO DOMINGO, RD.-El Presidente  últimamente se está comportando como un hombre celoso porque su mujer lo ha dejado para siempre. Ella se cansó de tantas mentiras, de tantos engaños y de tantos maltratos. Encontró otro hombre que le dice cosas bonitas, le manda flores, le escribe poemas y la trata con respeto. El hombre no soporta que la mujer lo abandone, y mucho menos que lo cambie por otro porque se siente disminuido como varón. Su machismo está

Juan TH

demasiado enraizado en su ser. Si la mujer no le hace caso, si no responde a su llamado, si no acepta la reconciliación, es capaz de cualquier cosa. Incluso de matarla. El cree que la mujer es su objeto. Y como tal la trata. Va y viene a su antojo. Llega borracho a la casa con el sol acuesta, no respeta el hogar. Los hijos no son suyos, son de ella. ¡Los hombres no paren! El es “el hombre de la casa”, “el pato macho”.

Los abusos fueron minando el amor, el cariño y el respeto. Ella dejó de amarlo. Y decidió dejarlo. Prefiere la muerte a seguir con él. Ha sufrido demasiado. Durante años le ha tolerado  violaciones, golpes, hambre, desnudez, infidelidades, mentiras y vejaciones. ¡No más! Dijo un buen día.

Al Presidente le pasa igual con el pueblo, que se hartó de sus infidelidades, de sus mentiras, de sus discursos rimbombantes, de los golpes, de las parrandas a costa de su pobreza, de la corrupción y la delincuencia sin solución.

Es por eso que la imagen del Presidente está en el piso. Se ha convertido en  el más impopular de todos los Presidentes de Centroamérica y el Caribe, seguido del Presidente de facto de Honduras. Es el político peor valorado, según dicen las encuestas. Todo parece indicar que no terminará su mandato como alguno de sus colegas del hemisferio con más de un 60%. Su gobierno va de mal en peor.

Para rescatar su popularidad –que es lo único que le importa- el Presidente descubre que en los barrios hay pobreza.  Que la gente se siente insatisfecha porque carece de viviendas, de escuelas, hospitales y centros de trabajo. Descubre que en los barrios la vida no vale nada, que nadie está seguro en ningún lugar. Y va  con promesas y cuentos. ¡Nadie le cree!

El Presidente descubre que el salario base de un maestro no llega a los 8 mil pesos mientras la canasta familiar ronda los 25 mil pesos. Hace un aumento de poco más de mil pesos. Y cree que se la está comiendo. ¡La gente se ríe porque el mismo tiempo nombra un viceministro vinculado a la quiebra del seguro de los maestro a través de un fraude que ronda los mil millones de pesos!

El presidente  va de un lugar a otro. Se le nota el interés por mejorar su imagen pública. Sus bocinas, bien pagadas con publicidad y cargos en el Estado, elogian sin cesar su accionar. Lo magnifican, lo colocan en un pedestal al lado del Padre de la Patria. Hacen comentarios, escriben artículos, libros. ¡Tienen que justificarse ante el amo que a papeletazos le cercenó la voz!

El Presidente está en campaña, no porque hay almas que salvar, como dicen los cristianos, sino porque hay una imagen que recuperar. ¡La suya!

El Presidente, como el hombre celoso de su mujer,  tiene que encantar de nuevo al pueblo, tiene que enamorarlo,  pasar de las palabras a los hechos.  Pero ya es muy tarde. La encuesta Gallup-Hoy habla de un país en bancarrota económica y moral. La percepción de la gente no puede ser menos desalentadora. A pesar de los miles de millones de pesos que gasta el Presidente promoviéndose a sí mismo, su imagen sigue en el piso. (“Cuando una mujer decide olvidar no hay fuerza en el mundo que la haga cambiar”, dice la canción)

El pueblo se cansó de  promesas, mentiras, falsedades, abusos, agresiones, violencia, muerte, falta de educación, salud, vivienda, alimentación, empleo, corrupción y narcotráfico. (Por más que ese hombre persiga a esa mujer, ella no lo ama)

No importa lo que haga el Presidente, el  pueblo  no lo quiere. Ni quiere a Danilo porque es más de lo mismo. Es la continuidad de todos los males que como un ciclón azotan al país. (La mujer quiere a otro hombre.  Su antiguo amante y compañero,  al que no debió dejar por ir detrás de cantos de quien solo sabe pintar pajaritos en el aire)

 

 

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