Un tránsito desorganizado por falta de un régimen de consecuencia

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José Alfredo Espinal

Por José Alfredo Espinal

Muchos que han tenido la oportunidad de visitar a los Estados Unidos, Canadá y los países europeos casi siempre una de las razones del impacto de esa aventura por el extranjero está relacionada con la educación que muestra la gente al conducir un vehículo.

Los choferes manejan moderadamente y respetan las señales de tránsito, salvo algunas excepciones. Contrario a lo que ocurre en países subdesarrollados y desordenados como la República Dominicana en materia de tránsito, fundamentalmente, en algunos de esos países civilizados y que son grandes potencias económicas, el conductor teme acercar su vehículo a un ciudadano por dos razones: Primero, evita agredir a un ciudadano y segundo teme que le impongan una multa o tomar el riesgo de ir a la cárcel.

Llama la atención, incluso, cuando en países desarrollados muchos dominicanos hasta detienen su carro para ayudar a que cruce una anciana o un animal. Pero en su propio país, sin embargo, tratan a una vieja del Diablo o al animal de la porra. ¿Por qué?. Simplemente porque no hay un régimen de consecuencia fuerte y que se aplique a todos por igual.

De acuerdo a nuestra tesis, en este país la gente se quiere llevar a los demás por delante porque sale tarde para llegar temprano a su lugar de destino. Nadie cede el paso y todos quieren llegar primero y al mismo tiempo. Es una cuestión de lógica, pero que aquí no se aplica.

Además, muchos dominicanos justifican la imprudencia porque se le fueron los frenos, no vieron la luz en rojo o simplemente, no me molesten que soy un padre de familia y hoy no tengo un peso encima.

Todas estas acciones y argumentos del chofer dominicano aplican para todas las clases sociales, desde el chofer de carro público (concho), hasta el viejevo de la Yipeta. Las leyes de tránsito no las cumplen los ricos ni los hijos de machepa. Y si se pega alguna multa, dependerá en ocasiones del ánimo que tenga el agente de tránsito en ese momento. Porque no hay un régimen de consecuencia.

El peatón es sagrado

En los países desarrollados, como esos que citamos arriba, el paso peatonal es sagrado, esté o no la luz del semáforo en rojo. Aunque es poco probable ver a una persona entre el medio de una hilera de vehículos tratando de abrirse el paso.

Respeto a las paradas

En los Estados Unidos, por ejemplo, los autobuses montan y desmontan pasajeros solamente en las paradas establecidas. Ese déjame aquí y párate allí no se dice ni de relajo.

Lejos de la Policía, autobuses escolares y ambulancias

En los Estados Unidos las leyes de tránsito son claras y duras. Un chofer tiene establecido cierta cantidad de metros de distancia entre su vehículo y el de una patrulla de la Policía, una ambulancia o un transporte escolar. Eso es sagrado.

Conducir en el carril de la izquierda, pero voy a seguir derecho

Esa práctica común y tediosa en nuestro país es penalizada en cualquier parte del mundo civilizado.

En definitiva, aquí estamos hartos de leyes y de instituciones, lo que hace falta es un régimen de consecuencia, donde se castigue al pobre y al rico por igual y veremos que poco a poco ese relajo del tránsito se va a reducir significativamente.

Ojalá que el INTRANT sirva para algo más que una institución con otra nómina pública más del Estado dominicano.

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